Poemario

En esta sección presentamos un elenco de poemas en torno a la virgen María. Los primeros cristianos, fueron conscientes de la tarea de mediación de la señora. La sensibilidad de los pueblos, a lo largo de la historia, ha querido agradecer tanto bien, lo más bello que ha podido salir del corazón humano, expresado en el arte de las palabras. Verso y prosa se aúnan para expresar la cercanía a la virgen. La estética de las palabras modela las virtudes de María y así las ofrece a las generaciones, presentándola como modelo y referencia de vida. Que disfrutemos de estos poemas, que los vivamos y los transmitamos a nuestros hijos.

TÚ QUE SURCAS EL AIRE (Leopoldo Panero)

Tú que surcas el aire y eres aire,
y eres gloriosamente transparencia,
y límpida materia en forma humana,
vuelve hacia mi tu aérea
majestad y reparte
la brisa de tus dedos cuerda a cuerda,
en el son prometido de mi alma
y en la música amarga de la pena.

Tú que estás a mi lado por las noches
velando oscuramente mi pureza,
y meciendo mi trigo jubiloso
y lavando mi risa en agua fresca,
vuelve hacia mi, Señora,
un poco de tu hermosura, y que la vea
mi corazón silente
a través del amor con vista trémula.

Enlaza los sarmientos de mis brazos
en tu misericordia y mi tiniebla
cubre con tu mirada
y tenme en tu regazo la cabeza.

«PEQUEÑA ESCLAVA», de José Luis Martín Descalzo

«Pero tú has mirado a esta pequeña esclava,
has roto sus cadenas, has quebrantado su yugo,
y le has concedido la única sujeción que es libertad:
la de ser huija y esclava tuya.

Ah, ¡que dulces los hilos con tiras de mi alma hacia la luz!
Tus abrazos abrazan, no estrangulan.
Tú eres libertad, tu amor no pesa,
tu redil de pastor no tiene cerca.

Tú, dueño mío, amante mío, amor.
Eres la única esclavitud que no esclaviza».

«ELEGIDA POR DIOS ANTES QUE NADA»,de Miguel Hernández

¡Oh elegida por Dios antes que nada;
Reina del Ala, propia del zafiro,
nieta de Adán creada en el retiro
de la virginidad siempre increada!

Tienes el ojo tierno de preñada;
y ante el sabroso origen del suspiro
donde la leche mana miera, miro
tu cintura de no parir, delgada.

Trillo es tu pie de la serpiente lista,
tu parva el mundo, el ángel tu siguiente,
Gloria del Greco y del cristal orgullo.

Privilegio de Judea con tu vista
Dios, y eligió la brisa y el ambiente
en que debía abrirse tu capullo.

«AURORA DONDE EL CIELO SE RECREA», de Gerardo Diego

Alba, mírala bien, mira el lucero
de miel, casi morena, que trasmana
un rubor silencioso de milgrana
en copa de ganado placentero;

la frente como la sal en el estero,
la risa con repique de campana
y el labio en que despunta la mañana
como despunta el sol en el alero.

¡Alba, mírala bien! y el mundo sea
heno que cobra resplandor y brío
en su mirar de alondra transparente;

aurora donde el cielo se recrea,
¡aurora tú que fuiste como un río
y Dios puso la mano en la corriente.

¡Oh hermosura que excedéis! (Sta teresa de Jesús)

¡Oh hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis,
y sin dolor deshacéis,
el amor de las criaturas.
Oh ñudo que así juntáis
dos cosas tan desiguales,
no sé por qué os desatáis,
Pues atado fuerza dais
a tener por bien los males.
Juntáis quien no tiene ser
con el Ser que no se acaba;
sin acabar acabáis,
sin tener que amar amáis,
engrandecéis nuestra nada.

SÁBADO DE GLORIA

Sábado.
¡Ya Gloria aquí!
Maravilla hay para ti.
Sí, tu primavera es tuya.
¡Resurrección, aleluya!
Resucitó el Salvador.
Contempla su resplandor.
Aleluya en esa aurora
que el más feliz más explora.
Se rasgan todos los velos.
Más Américas, más cielos.
Ha muerto, por fin, la muerte.
Vida en vida se convierte.
Explosiones de esperanza.
¡A su forma se abalanza!
Por aquí ha pasado Aquel.
¡Viva el Ser al ser más fiel!
Todo a tanta luz se nombra.
¡Cuánto color en la sombra!
Se arremolina impaciente
la verdad. Triunfe el presente.
Alumbrándome fulgura
ya hoy mi suerte futura.
Magnífico el disparate
que en júbilo se desate.
El Señor resucitó.
Impere el Sí, calle el No.
Sí, tu primavera es tuya.
¡Resurrección, aleluya!
Sábado
¡Gloria!
Confía
toda el alma en su alegría.

Jorge Guillén (1893-1984)

LA VISITACIÓN
¿Dónde por tierras extrañas, 
Virgen con tanto fervor? 
-Dónde me lleva el Señor 
que yo llevo en mis entrañas. 
-¿Cómo es posible llevar, 
Virgen, al que os lleva a vos? 
-Como el que me lleva es Dios, 
que ha querido en mí encarnar. 
-Pues ¿cómo por las montañas 
lleváis a tan gran Señor? 
-Mas, lo lleva el grande amor 
que lo trajo a mis entrañas. 
-Parece en vos cosa nueva, 
Virgen, ir apresurada.

-Hácelo el ir abrasada 
del amor del que me lleva. 
-Pues ¿luego a tierras extrañas 
os lleva sólo el amor? 
-No, que todo es del Señor 
que yo llevo en mis entrañas. 
-Ya sé que os lleva el doncel; 
mas ¿dónde vais a aportar? 
-Voy con Él a visitar 
a mi parienta Isabel. 
-¡Oh, qué cosas tan extrañas, 
que al siervo sirva el Señor! 
-Esto y más hace el amor 
del que llevo en mis entrañas.

Juan López de Ubeda (s. XVII).

A LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN DE NUESTRA SEÑORA

«Virgen pura, si el sol, luna y estrellas»

Si ociosa no, asistió naturaleza
incapaz a la tuya, oh gran Señora,
Concepción limpia, donde ciega ignora
lo que muda admiró de tu pureza. 

Díganlo, oh virgen, la mayor belleza 
del día, cuya luz tu manto dora, 
la que calzas nocturna brilladora, 
los que ciñen carbunclos tu cabeza.

Pura la Iglesia ya, pura te llama 
la escuela, y todo pío afecto sabio 
cultas en tu favor da plumas bellas

¿Qué mucho, pues, si aún hoy sellado el labio, 
si la naturaleza aun hoy te aclama 
virgen pura, si el sol, luna y estrellas?

Luis de Góngora y Argote

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